Zombies, en desuso, con un futuro incierto. Ese es el estado en el que se encuentran algunos edificios fantasma de Barcelona.

Están en ruinas, sin una utilidad clara. Testigos de la historia, algunos amenazan con convertirse en una discoteca. Otros, acoger una gran firma de ropa. Son los edificios fantasma de Barcelona y, de vez en cuando, conviene recordarlos para rescatarles de un futuro incierto.

El Hivernacle de la Ciutadella

Fue uno de los edificios que se construyeron con motivo de la Exposición Universal de 1888. El que fue uno de los edificios más hermosos del evento que presentó Barcelona al mundo, hoy está rodeado de basura y suciedad. Cuando los Mossos no les echan, también sirve de refugio de indigentes. En 2016 una empresa avivó las esperanzas de su resurrección, incluso el Ajuntament puso 802.971,57 euros para la reforma. No obstante, desaparecieron y dejaron el Hivernacle con el culo al aire, dicho mal y pronto. Ahí sigue.

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El Hivernacle de Ciutadella.

 

Teatre Principal de Barcelona

Inaugurado en 1603, es el teatro más antiguo de Barcelona. En el siglo XIX competía con el Liceu por acoger a las óperas más importantes del momento. A lo largo de su historia se ha movido entre la supervivencia, la quiebra y la amenaza de cierre. No obstante, sus gestores aprovechaban estas crisis para reconvertirlo una y otra vez. Entre 1872 y 1906 acogió a la sede del Ateneu Barcelonés y de 1919 a 1986 fue un cine.

Tras programar teatro durante unos años, en 2006 anunciaba su cierre definitivo. Reabrió siete años más tarde de la mano de Grupo Balaña, que pretendía utilizarlo para organizar presentaciones, desfiles, actividades sociales y culturales… Todo menos para lo que realmente se empleó: como una discoteca. Al carecer de licencia, la Guardia Urbana cerró definitivamente el antiguo teatro. Ahí sigue, a la espera de una nueva vida.

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Teatre Principal en 1910.

 

Antigua fábrica de cañones de La Rambla

Pese a su excelente ubicación, este edificio construido en el siglo XVII lleva años cerrado. Su primer uso fue como fundición de armamento pero tras la Guerra de Sucesión, pasó de los cañones a las campanas (de aquí salieron Tomassa y Honorata, en la Catedral de Barcelona). En el siglo XIX se reformó para ser la sede del Banco de Barcelona, que quebraría en 1920.

Tras la Guerra Civil, el Ministerio de Defensa instaló aquí los juzgados castrenses (militares) y la farmacia militar. La planta superior se habilitó como edificio de viviendas para los familiares del Ejército. El último inquilino se fue en 2004, un año después de que la Generalitat comprara el edificio.

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Fábrica de cañones de La Rambla.

 

Torre del fang del Clot

Es una masía del siglo XIX que se remonta a cuando Sant Martí era todo campo. Está catalogada como Bien de Interés Local, grado que solo se limita al papel. Actualmente, está abandonada y llena de graffitis. Si no fuera por la insistencia vecinal, las obras del AVE la habrían echado abajo.

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La Torre del Fang del Clot.

 

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