Desmentimos el mito de que Antoni Gaudí tomaba LSD y setas alucinógenas para inspirarse a la hora de trabajar.
Existe el mito difundido de que Antoni Gaudí recurrió a “ayuda extra” para idear obras como la Sagrada Familia, el Park Güell, la Cripta de la Colonia Güell o la Casa Batlló. Si bien puede decirse que el genio se adelantó a los hippies con sus barbas, austeridad y fascinación por las formas orgánicas de la naturaleza, no hay pruebas fehacientes de que recurriera a los alucinógenos. O no existen o no se han encontrado-
Una de las primeras personas en airear la teoría de las drogas fue Joan Llarch (1920-1987), un escritor catalán que divulgó biografías sobre Gaudí, Dalí, Franco o Martin Luther King. En Gaudí. Biografía mágica (1982) no sólo insinúa la relación del arquitecto con los templarios o el ocultismo y la alquimia; también afirma que la rareza de sus obras es fruto de las drogas, concretamente de un tipo de setas alucinógenas. Se llama Amanita muscaria y es típica en los campos de cultivo catalanes. De hecho, según sus observaciones, las chimeneas de una de las casas del Park Güell tienen esa forma.

Falacias gaudinianas
La teoría de Llarch no tardó en extenderse entre conspiranoicos, haters de Gaudí o sensacionalistas. En internet hay blogs y foros que siguen respaldando esa teoría no demostrada. Lo que sí se sabe es que el arquitecto era aficionado al café con leche, seguía una dieta casi vegetariana y vivía como una persona pobre. De hecho, cuando el 10 de junio de 1926 le atropelló el tranvía que acabó con su vida, le confundieron con un mendigo. También era muy devoto. Aseguraba que su carisma y talento eran fruto de Dios. Sea como fuere, Barcelona le debe muchísimo a este genio y las personas que confiaron en su talento, como Eusebi Güell.
