El Ingenio, negocio emblemático donde los haya, reabre sus puertas para que la magia vuelva a Barcelona.
“La gente haría cualquier cosa para fingir que la magia no existe, incluso cuando la tienen delante de las narices.” La frase es de J.K Rowling y resume perfectamente la decepción y tristeza de quienes en diciembre de 2017 vieron cerrar la persiana de El Ingenio. Para siempre. Todo era posible en aquella tienda de gigantes, cabezudos, ilusionismo y artículos de fiesta y circo. Podías visitarla diez veces seguidas y encontrar algo nuevo entre sus estanterías. Todo era posible en lo que fue el Sortilegios Weasley de Barcelona. Todo, menos hacer frente a la falta de inversión y las condiciones económicas de la propiedad.
Hasta ahora.
Porque si algo han aprendido las personas que han crecido con Harry Potter, El Señor de los Anillos o Mundodisco es que la magia nunca muere. Por eso, el 7 de noviembre de 2018, El Ingenio volvía a la vida. El responsable es Lluís Sala, un empresario de Girona especializado en cerámica que ha crecido visitando este negocio centenario. “Me acuerdo que cuando era pequeño y venía a Barcelona iba con mis padres y la tienda me tenía encantado. Ha sido como una ilusión”, destaca a La Vanguardia.

En julio se realizó el traspaso del local y Sala se encargó de sanear las cuentas de El Ingenio y reformarlo. Entre las novedades de esta nueva etapa está que se podrá visitar el taller de figuras. Su intención es convertirlo en un “museo vivo” que en un futuro acoja visitas escolares o especializadas. Los míticos cabezudos de Picasso, los Reyes Católicos o La Romana que enamoró a Dalí se mantendrán, aunque también se prevén incorporaciones. También habrá juguetes antiguos: muñecos de hojalata o papel, tiovivos. coches o trenes de latón… El objetivo es mantener la ilusión y la magia en el Gótico, meta cada vez más complicada en los tiempos que corren.

Historia de El Ingenio
La familia de escultores Escaler abrió El Ingenio allá por 1838. Estaban especializados en la creación con cartón piedra y de hecho, extendieron esa técnica a más negocios de la ciudad. Durante los años XX traspasaron el negocio a la familia Cardona, que lo regentó durante tres generaciones. De hecho, Rosa Cardona fue la última propietaria hasta que cerró a finales del año pasado.
La magia de El Ingenio encandiló a artistas como Salvador Dalí o Joan Brossa, que diseñó sus características Letras Gimnastas para el escaparate. En diciembre se espera una celebración de su retorno por todo lo alto; con gigantes, cabezudos y, sobre todo, mucha magia.

