¿Imaginas que la Rambla de Cataluña no fuera peatonal, sino una avenida por la solo pasaran coches? En los años setenta estuvo a punto de suceder pero una Jirafa coqueta y un Toro pensador la salvaron.
CorrÃa el año 1970 y el Ayuntamiento de Barcelona estaba a punto de aprobar un proyecto que transformaba la Rambla de Cataluña en una vÃa de circulación. Con parking subterráneo. El objetivo es agilizar el tráfico uniendo la Gran VÃa con la Diagonal. Esto significaba el fin de la prolongación de La Rambla en El Eixample, de la feria de palmas y palmones, las terrazas o los puestos de libros en Sant Jordi. En resumidas cuentas, un proyecto devastador.
El futuro de la Rambla de Cataluña estaba en juego y no habÃa ideas para evitarlo. Es aquà cuando interviene Amics de La Rambla. La asociación propuso la creación de un paseo de diez estatuas dedicadas al escultor Josep Granyer (1899-1983). Su seña de identidad era crear animales en actitudes humanas desde una perspectiva satÃrica. AsÃ, Granyer dio forma a un Toro Pensante y una Jirafa coqueta.

El proyecto se aprobó y en 1972, el Toro y la Jirafa se instalaban al principio y al final de la calle— el primero en el número 18, a pocos pasos de Plaça de Catalunya y la segunda en la intersección con la Diagonal—. Al primero se le ha comparado con El Pensador de Rodin. También se comenta que es primo hermano del que hay en Wall Street. Por cierto, en 2003 un grupo de ladrones intentó robar al Toro Pensante. Afortunadamente, dos agentes del Cuerpo Nacional de policÃa les interceptaron y todo quedó en susto. Por su parte, la Jirafa es un homenaje a la Venus Victrix de Antonio Canova. Hoy, ambas esculturas son dos iconos de este paseo señorial.
Barcelona, un zoo de piedra
No hizo falta transformar la Rambla de Cataluña en un desfile de animales, el Toro Pensante y la Jirafa coqueta bastaron para salvarla de los atascos y la contaminación. Lo que sà es cierto es que con los años, Barcelona empezó a transformarse en un amago de zoo de piedra. A raÃz de los Juegos OlÃmpicos se levantó El Caballo de Botero en El Prat de Llobregat, asà como el gato que protagoniza la Rambla del Raval. También apareció una gamba gigante en la Barceloneta obra de Mariscal. Por no hablar del Mamut de piedra de la Ciutadella. Si te interesa eso de las estatuas surrealistas, echa un vistazo a este artÃculo sobre las esculturas más surrealistas de la capital catalana.

