El binomio Gaudí y Güell ha traído las obras más importantes del modernismo catalán ¿Y si sus caminos no se hubieran cruzado?
La teoría del caos argumenta que una pequeña variación en un entorno y condiciones específicos puede convertirse en un gran cambio en el futuro. Ya sabes, si una mariposa bate las alas en Brasil puede provocar un huracán en Texas. Seguro que haciendo revisión de tu vida te has dado cuenta de que si no hubieras dicho o hecho algo en un momento concreto, no tendrías la pareja, trabajo, amigos o problemas que ahora forman parte de ti.
Apliquemos esta reflexión a la relación entre Gaudí y Güell. Seguro que te has dado cuenta de la cantidad de monumentos que llevan el apellido del industrial catalán más famoso del siglo XX: Colonia Güell, Palau Güell, Park Güell, Bodegas Güell… Todos ellos con un valor incalculable para el patrimonio catalán y que posiblemente no existirían si no hubieran tomado la decisión de, por ejemplo, viajar a la Exposición Universal de París de 1878.

Cuando sus caminos se cruzaron
Antoni Gaudí se acababa de graduar en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Con un aprobado raspado, por cierto. Es más, iba tan a su bola que el director del centro llegó a decir “Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá”. Vamos que si habló.
Para pagarse la carrera, Gaudí había colaborado en el diseño de la Cascada Monumental del Parc de la Ciutadella y trabajado como delineante para varios arquitectos y constructores. Un corredor de bolsa, Manuel Vicens i Montaner, que se movía por los mismos círculos intelectuales que Gaudí ya le había asignado su primer encargo serio: la construcción de una casa en la Vila de Gràcia. A raíz de este proyecto Esteban Com,ella, propietario de una popular guantería en la calle Ferran, le encargó el diseño de una vitrina para exponer sus productos en la Exposición Universal de París de 1878.

Y aquí empieza el huracán.
Eusebi Güell se encontraba de visita en la capital francesa y decidió pasarse por el evento. La vitrina atrajo tanto su atención que enseguida quiso conocer a su autor. Güell venía de una familia muy, muy rica. Su padre, Joan Güell i Bacigalupi, había amasado una enorme fortuna con la trata de esclavos en Cuba. La madre, Francisca Bacigalupi y Dolcet, procedía de una buena familia genovesa.
Es cierto que Eusebi Güell tuvo facilidades para formarse y montar sus propias empresas, pero de nada sirve el dinero de papá y mamá si no sabes dónde invertirlo. Y él tenía muy buen ojo para los negocios con futuro en Barcelona. Por no hablar de que estaba bien relacionado. Siete años antes de conocer a Gaudí se había casado con la hija mayor del marqués de Comillas. De hecho, este puso le puso en contacto con el genio modernista para que diseñara El Capricho de Comillas (Cantabria).

Mecenas y amigo
El conde Güell se había dado cuenta de que ese paseo por la Exposición había sido un acierto enorme. En 1886 le confió la construcción de un palacio en el carrer Nou de La Rambla. Años más tarde, en 1895, Gaudí y el arquitecto Francesc Berenguer colaboraron en la construcción de unas bodegas en El Garraf, donde Güell tenía varias explotaciones vinícolas.
Las revueltas sociales de finales del siglo XIX hicieron que algunas colonias y fábricas se trasladaran a las afueras de la ciudad para evitar el efecto contagio. Ese era el objetivo que Eusebi Güell perseguía cuando encargó el diseño de un lugar agradable para sus trabajadores, donde pudieran distraerse, llevar a sus hijos a la escuela o ir a misa. Para ese fin espiritual encargó a Gaudí la construcción de una iglesia. Le dio carta blanca, por lo que pudo probar todas las innovaciones arquitectónicas que más tarde emplearía en la Sagrada Familia. En 1914 Gaudí abandona el proyecto. Nunca se confirmaron las circunstancias pero puede ser que los hijos de Eusebi Güell decidieran dejar de financiarlo.

Eusebi Güell pasó los últimos días de su vida en compañía de Gaudí en el Park Güell, construido entre 1900 y 1914. Murió cuatro años después de la finalización de aquel parque de ensueño, que ya era considerado una atracción turística entre los barceloneses.
Y todo esto pasó por un viaje a París.
¿Hubiera podido suceder de otra manera? ¿Sería Barcelona tan poderosa como lo es hoy si no se hubiera producido?
Nunca lo sabremos.
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