El cómic underground o comix apareció en la Barcelona de los años setenta con un fin claro: escandalizar.
Hay dos realidades sobre el cómic que deben desmentirse. La primera, no son lecturas infantiles. Claro que hay personajes para todos los públicos, pero un paseíto por Norma te hará ver que inocencias, las justas. La segunda: DC y Marvel no son las únicas editoriales que existen. Es más, no todas las historias gráficas hablan de superhéroes. Mira Makinavaja, al que El Raval le ha dedicado un bar, Zipi y Zape o Mortadelo y Filemón. Y esto es solo el cómic mainstream, el más conocido. Vamos, del que se hacen películas.
El cómic underground o comix comprende esas historietas que no siguen los cánones tradicionales. Las que, en palabras de Santi Valdés, «minan los sacrosantos principios de la sociedad en que se desarrollaban”. Surgió en Estados Unidos en los sesenta de los hippies, la Guerra de Vietnam y los alucinógenos. En nuestro país apareció en los setenta.

La Barcelona canalla
Nacería en la Barcelona del cambio, de la mano de fanzines como El Rrollo enmascarado (1973). Le siguió un boom de publicaciones autoeditadas, entre las que destacan Piraña Divina o la politizada Butifarra! Todas ellas formaban lo que se conoció como Línea Chunga o Línea Tremenda. No tardaron en reunirse en dos grandes revistas: El Víbora y Makoki.

Hace falta un poco de contexto para comprender por qué el cómic underground triunfó en la capital catalana. Mientras que la Movida madrileña contaba con el beneplácito del alcalde Enrique Tierno Galván, la barcelonesa se desarrollaba en la más absoluta marginalidad. Para rematar, el punk desembarcaba en nuestras playas para apropiarse de la noche al grito de God Save the Queen. La juventud no tenía referentes ni medios de expresar tanta rabia, tanta revolución repentina. El comix fue uno de ellos. En aquellas páginas encontraban personajes con vidas tan desestructuradas como las suyas. Makoki, por ejemplo, era un loco encabronado escapado del manicomio que formaba parte de la Barcelona canalla. Nazario, uno de los padres del cómic underground y amigo íntimo de Ocaña, daría vida a Anarcoma, el detective travesti que se prostituye en Las Ramblas.

‘El Jueves’, único superviviente
El cómic adulto permaneció en la cresta de la ola hasta finales de los ochenta. En esa década, de hecho, se creó el Salón del Cómic de Barcelona. El despelote terminó con los Juegos Olímpicos del 92 y la “muerte” de Makoki en 1995. La Barcelona en la que este demente había desarrollado sus aventuras ya no existía y por tanto, ya no tenía sentido continuar. El Víbora haría lo propio diez años después, en 2005, con el lema de Comix para supervivientes. La única revista que ha sobrevivido a lo que se conoce como el boom del cómic adulto es El Jueves, la revista de humor más longeva del país.

