El Día de Todos los Santos se celebra La Castanyada, una tradición que se remonta al siglo XVIII.

La Rambla ya huele a castañas. Precisamente al lado del Palau Moja se ha instalado uno de esos puestos en los que es imposible no pecar, especialmente ahora que ha llegado el frío. Esta es su semana más ajetreada del año ya que el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, se celebra La Castanyada; una tradición que reúne a la familia para recordar a esas personas que ya no están y comer castañas, boniatos y panellets.

La Castanyada es una tradición pagana-al igual que el Magosto en Galicia o Asturias o el Halloween en los países anglosajones- cuyos orígenes más próximos se remontan al siglo XVIII. Hay varias leyendas que explican estos inicios. Cuentan que antes de celebrar Todos los Santos las familias se reunían para velar a sus muertos. Para aguantar, se aprovisionaban de los primeros frutos del otoño, que venían a ser, principalmente, castañas, legumbres y boniatos regados con vino dulce (lo que ahora es el moscatel). De esta costumbre nació la emblemática figura de la castanyera ya que mientras se asaban las castañas, se rezaba.

la castanyada
Asador de castañas o castanyer.

 

Otra teoría afirma que el festín era para los campaneros, que hacían repicar las campanas durante toda la noche para recordar a los fieles la necesidad de rezar por el alma de sus difuntos. Cada vez que descansaban, reponían fuerzas comiendo lo que la gente les traía que, en este caso, eran los frutos del otoño.

Hay un refrán en catalán que dice Per Tots Sants, castanyes i panellets. Según se cuenta, estos panecillos que recuerdan al mazapán se depositaban en las tumbas de los difuntos para que estuvieron nutridos en la otra vida. Ahora los hay de todo tipo: coco, yema quemada, higo… Sin embargo, los que siempre triunfan son los de piñones ¡Rico, rico!

La Castanyada.
Panelletes de piñones.