La Sala Apolo ha acogido un parque de atracciones, una orquesta, a los marines de la VI flota y a boxeadores con ganas de más. Pero, sobre todo, nunca ha dejado de bailar.

La Sala Apolo es parte de la historia de Barcelona. Abuelos, padres e hijos han bailado en la misma pista; soñado, cocktail en mano, con una noche en la que todo era posible.Tres cuartos de siglo dan para mucho. Concretamente para vivir una época dorada, la guerra, una dictadura, la Gauche divine y varios movimientos musicales. Para celebrar que aún sigue la marcha, el emblemático teatro organiza varias charlas, conciertos y sesiones especiales, además de publicar el libro que recopila sus mejores anécdotas: 75 años sin parar de bailar.

Esta empieza en 1935, cuando un emprendedor José Vallés Rovira vio la oportunidad de construir un parque de atracciones en la Avinguda del Paral·lel. La calle vivía su época dorada como Broadway de Barcelona, eco que aún resuena en teatros como El Molino o el Teatro Arnau. Desafortunadamente para Vallés, un año después estalló la Guerra Civil y tuvo que exiliarse. Aprovechó este retiro para inspirarse en lo que estaba pasando en Europa para volver en 1943 y montar una sala de fiestas junto al parque.

 

Boxeo, hockey y orquesta propia

El teatro no tardó en llenarse. Aparecieron las taxi girls, bailarinas en la pista que animaban a los hombres solos a divertirse. Aún se conserva un espejo con los restos de un cartel en el que pone: “cada hombre sólo puede tener un boleto y no se puede repetir la misma bailarina”. Era para que no se enamoraran de ellas o quisieran ir más allá. En los años cincuenta llegaban los marines de la Sexta Flota Americana para poner patas arriba Las Ramblas  (donde alquilaron el famoso Kentucky para sus fiestas) y el Paral·lel. Considerados los primeros turistas de Barcelona, dieron un buen empujón al teatro y trajeron el baloncesto, así que Vallés construyó una pista reglamentaria. Ni que decir tiene que este grupo de yanquis aprovechó que la ciudad era suya para dar rienda suelta a sus instintos más básicos en los burdeles del Gótico y el Barrio Chino.

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Cuando la Sala Apolo era un parque de atracciones | Fuente: creative.net

 

Los comienzos de La Sala Apolo están estrechamente ligados al deporte. En aquella época el hockey movía aún más masas que el fútbol por lo que se construyó una grada con capacidad para 500 personas en la terraza del edificio. Llegó a tener dos equipos propios. También arrasó el boxeo, convirtiendo la sala grande en un gran ring. Por supuesto, la música nunca dejó de sonar, ya que por tener, hasta tenían su grupo de orquesta.

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La Sala Apolo en sus comienzos.
Música urbana

En los años 90 llegaron nuevos accionistas para encargarse de la explotación de la sala. Aquí es cuando la Sala Apolo empieza a transformarse en lo que es hoy. Se cierra el parque de atracciones y aparece un nuevo capitán, Alberto Guijarro. Es él quien decide que la sala en un género de música distinto cada día de la semana. En 1994 se celebra la primera edición del Sonar y es precisamente este ansia por dar a conocer nuevos sonidos y bandas emergentes la que planta la semilla del Primavera Sound.

Hoy, la Sala Apolo es parada obligatoria para tomar la temperatura del panorama musical en Europa y Barcelona. Por aquí han pasado 11.000 artistas y se celebran aproximadamente 500 conciertos al año. Durante este año organizarán varias exposiciones, charlas y conciertos para celebrar sus tres cuartos de siglos. Pero una cosa está clara: el espectáculo debe continuar.