Hay muchísimas estaciones de metro fantasma en Barcelona y una de las más intrigantes es la de Ferran, en la línea 3.

El metro es un lugar plagado de misterio. Por las mañanas, con las prisas, los empujones y las aglomeraciones ni lo notas. Cuando cae la noche y esperas casi a solas a que llegue el próximo tren, puedes sentir que se respira cierta tensión en el ambiente. Dicen las malas lenguas que hay fantasmas, otras, que hay animales deformes que parecen sacados de una película de terror. Nada está confirmado. Lo que sí se puede asegurar a ciencia cierta es que hay unas cuantas estaciones en desuso que provocan más de un escalofrío. Una de ellas es la de Ferran.

La parada de Ferran se inauguró en 1946 cuando el Gran Metro de Barcelona estaba en plena ampliación. Se situaba en plena Rambla, entre el Pla de la Boqueria y el carrer de Ferran. Tenía una única vía y solo se podía acceder desde nuestro paseo más emblemático. Entró a formar parte de la lista de estaciones de metro fantasma en Barcelona a partir de 1968. En ese año la clausuraron para prolongar la línea 3 hasta Drassanes. La tapiaron para que nadie pudiera acceder a ella. Ahora solo quedan vestigios y muy pocas imágenes que retraten su pasado. Eso lo convierte en uno de los lugares más misteriosos del suburbano.

Estaciones de metro fantasma en Barcelona
Imagen antigua de la estación de Ferran.

 

Extrañas circunstancias

Ferran es un lugar intrigante pero no es el más escalofriante de todos. Hay estaciones fantasma y en activo que darían material para unos cuantos programas de Cuarto Milenio. Una de ellas es la de Rocafort (L1). Hace años se produjo una oleada de suicidios sin explicación-cuatro en un mes-que sorprendió tanto al personal como a los medios. Los operarios empezaron a no querer trabajar ahí por las noches cuando corrió la historia de que las cámaras de vigilancia habían captado a personas caminando entre las vías.

Otra de las historias más conocidas es la de Gaudí (L5), una estación que se construyó pero nunca se utilizó. Dicen que si miras por las ventanas del vagón en el trayecto que hay entre la sangrada familia y San Pau, verás personas sin rostro esperando un tren que nunca pasa. Pone los pelos de punta, ¿verdad