Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) hubo un interés en hacer latente el  apoyo a Hitler en Barcelona. Así influyó el Tercer Reich en la capital catalana.

Cuando las tropas franquistas ganaron la Guerra Civil en 1939 surgió el interés de aniquilar el pasado rojo y catalanista de Barcelona. La forma de hacerlo fue dejar claro que esta nueva España grande y libre apoyaba a las tropas alemanas e italianas en la II Guerra Mundial. Aunque no intervino directamente en el conflicto, envió al ejército de voluntarios en la División Azul para luchar contra la URSS y recibió con honores a personalidades como Heinrich Himmler o Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini. Hoy contamos algunos ejemplos del rastro que dejaron los fascismos europeos y, especialmente, Hitler en Barcelona.

Esvásticas en el Palau de la Música

Una de las formas de demostrar este apoyo a Hitler en Barcelona fue integrar los símbolos nazis en el espacio público. Entre 1939 y 1945 el Palau de la Música se decoraba con esvásticas y retratos del Führer para celebrar tanto su cumpleaños como otras fechas importantes del calendario nazi. Cuando se organizó la Exposición de Arquitectura Moderna Alemana (que comisarió Albert Speer, Ministro de Armamento y Guerra y arquitecto predilecto del Reich), la fachada del Parlament quedó eclipsada por dos enormes banderas con la cruz gamada. También era frecuente ver el saludo nazi en la calle.

Según el historiador Francesc Vilanova, autor del libro Nazis a Barcelona, “Hubo un interés por parte del régimen de Franco de hacer visibles cuáles eran los nuevos amigos -alemanes e italianos- de las nuevas autoridades. Lo hicieron a través de una prensa absolutamente sometida al adoctrinamiento del poder político y mostraron que esos amigos podían convivir con la Barcelona oficial, es decir el Ayuntamiento, el Ateneu, la Universitat…”

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Celebración del cumpleaños de Hitler en el Palau de la Música | Fuente: Arxiu Nacional de Catalunya.

 

Heinrich Himmler y el Santo Grial

Una de las visitas más sonadas fue la de Heinrich Himmler, la mano derecha de Hitler, en 1940. Le costó al Ayuntamiento 14.367 pesetas, una cifra considerable para la época, especialmente teniendo en cuenta la cruda posguerra que azotaba al país. Fue un viaje relámpago (a lo alemán) ya que el objetivo era claro: buscar el Santo Grial. Lo que lees.

Durante el régimen nazi se creó la Ahnenerbe, traducido literalmente como Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana. Presidida por Himmler, el objetivo era investigar sobre los orígenes misteriosos de la raza aria y recopilar objetos de poder que demostraran su superioridad. Uno de ellos era el Santo Grial que, según el segundo del Führer, estaba en Montserrat.

Le recibió el padre Ripol, el único abad que hablaba alemán. No hizo buenas migas con Himmler, al que irritaban sus pretensiones pseudointelectuales y motivaciones esotéricas. Lo que está claro es que este plan a lo Monty Pyton (al que el Ministerio del Tiempo le dedica un capítulo) fracasó: volvió a Alemania con las manos vacías.

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La visita de Su Excelencia Himmler al Monasterio de Montserrat fue sonada en la prensa.

 

Un trono para Hitler

Espera, que las aventuras esotéricas de los nazis no terminan aquí. Adolf Hitler tenía un interés especial en la Catedral de Barcelona. Resulta que aquí se encuentra el trono de oro del Rey Martí l’Humà o Martín I de Aragón, que reinó entre 1396 y 1410. Falleció sin descendencia pero en su lecho de muerte, legó su querido trono (que le acompañaba a todas partes) al mismísimo Jesucristo por ser Rey de Reyes. Este hecho lo convertía en una reliquia de poder, palabra que al Führer le ponía a tono. También fracasó en su intento de añadir la Lanza del Destino o la Piedra de Scone a su colección particular.

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Más codiciado que el Trono de Hierro.