El poeta Federico García Lorca y La Rambla mantenían una relación muy especial. Tanto, que el poeta le dedicó unas palabras que han pasado a la historia.
El 17 de agosto de 2017 Barcelona vivió uno de los episodios más tristes de su historia. Alrededor de las 17:00 de ese día una furgoneta ejecutó un atropello masivo en Las Ramblas, dejando quince muertos y más de un centenar de heridos. Ha pasado un año y aunque el paseo ha recobrado la normalidad, hay lugar para el recuerdo. Por eso, con motivo del primer aniversario de estos ataques, el viernes 17 de agosto se celebra un acto conmemorativo a los familiares y víctimas en Plaça de Catalunya.
Barcelona reaccionó a los ataques de una manera ejemplar, bajo el grito de «No tinc por». Sin embargo, hubo otra frase que también impregnó el sentimiento de rabia e injusticia, pero también de paz, solidaridad y unión que vivió la ciudad . Se trata de un fragmento de un discurso que dio Federico García Lorca en 1935 con motivo del estreno de Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (el último de su vida). En él, habla de La Rambla como «la única calle en La Tierra que desearía que no terminara nunca». Todo un homenaje a este paseo, testigo de los acontecimientos más importantes de la historia de la capital catalana. Herido, recuperado, valiente, pero también acogedor e integrador. Porque La Rambla es de quien la pasea, da igual el origen.
Aquí el texto original.
A las floristas de La Rambla de Barcelona
FEDERICO GARCÍA LORCA
Señoras y señores:
Esta noche, mi hija más pequeña y querida, Rosita la soltera, señorita Rosita, doña Rosita, sobre el mármol y entre cipreses doña Rosa, ha querido trabajar para las simpáticas floristas de la Rambla, y soy yo quien tiene el honor de dedicar la fiesta a estas mujeres de risa franca y manos mojadas, donde tiembla de cuando en cuando el diminuto rubí causado por la espina.
La rosa mudable, encerrada en la melancolía del Carmen granadino, ha querido agitarse en su rama al borde del estanque para que la vean las flores de la calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona.
Como una balanza, la Rambla tiene su fiel y su equilibrio en el mercado de las flores donde la ciudad acude para cantar bautizos y bodas sobre ramos frescos de esperanza y donde acude agitando lágrimas y cintas en las coronas para sus muertos. Estos puestos de alegría entre los árboles ciudadanos son el regalo del ramblista y su recreo y aunque de noche aparezcan solos, casi como catafalcos de hierro, tienen un aire señor y delicado que parece decir al noctámbulo: «Levántate mañana para vernos, nosotros somos el día». Nadie que visite Barcelona puede olvidar esta calle que las flores convierten en insospechado invernadero, ni dejarse de sorprender por la locura mozartiana de estos pájaros, que, si bien se vengan a veces del transeúnte de modo un poquito incorrecto, dan en cambio a la Rambla un aire acribillado de plata y hacen caer sobre sus amigos una lluvia adormecedora de invisibles lentejuelas que colman nuestro corazón.
Se dice, y es verdad, que ningún barcelonés puede dormir tranquilo si no ha paseado por la Rambla por lo menos una vez, y a mí me ocurre otro tanto estos días que vivo en vuestra hermosísima ciudad.
Toda la esencia de la gran Barcelona, de la perenne, la insobornable, está en esta calle que tiene un ala gótica donde se oyen fuentes romanas y laúdes del quince y otra ala abigarrada, cruel, increíble, donde se oyen los acordeones de todos los marineros del mundo y hay un vuelo nocturno de labios pintados y carcajadas al amanecer.
Yo también tengo que pasar todos los días por esta calle para aprender de ella cómo puede persistir el espíritu propio de una ciudad.
Amigas floristas, [con] el cariño con que os saludo bajo los árboles, como transeúnte desconocido, os saludo esta noche aquí como poeta, y os ofrezco, con franco ademán andaluz, esta rosa de pena y palabras: es la granadina Rosita la soltera.
Salud.
