Ramón Casas, apodado el Tolouse-Lautrec español, es uno de los pintores más destacados del modernismo catalán… y de La Rambla.

Ramón Casas (Barcelona, 1866-1932) nació en la familia adecuada y en la época precisa. Podría decirse que su carrera como pintor le salió rodada. Para empezar, nunca encontró oposición familiar: su padre había hecho fortuna en Cuba y su madre era de buena alcurnia. El dinero nunca fue un impedimento para desarrollar sus aptitudesno como Joan Miró, que pintaba bajo los efectos alucinógenos provocados por el hambre. Se pudo permitir abandonar la escuela para formarse en el estudio de Juan Vicens Cots y mudarse a París con tan solo quince años.

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Autorretrato, 1910. Ramón Casas.

 

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Tener dinero no es garantía de triunfo, ni siquiera en el arte. De nada servía la financiación de papi y mami si Casas no establecía contactos y daba a conocer su talento. Por suerte, era un joven espabilado con ganas de hacerse un nombre. París era la ciudad perfecta para ello. Mientras escribía como corresponsal para la revista de historia y cultura L’Avenç organizaba sus primeras exposiciones en los Campos Elíseos y la Sala Parés de Barcelona. Un culo inquieto que no paraba de viajar por Madrid, Granada, la capital francesa y su tierra natal,  plasmando lo que veía (Autorretrato vestido de flamenco, Autorretrato vestido de bandolero, Corrida de toros).

Con veinte años enfermó de una tuberculosis que casi le mata. Sobrevivió, pero a partir de ese momento su salud sería más bien delicada. En Barcelona conoció al que sería su compañero de aventuras, publicaciones y correrías: Santiago Rusiñol. Juntos viajaron por el territorio y crearon el libro Por Cataluña (desde mi carro) (1899), con textos de Rusiñol e ilustraciones de Casas. Se mudaron juntos a París y a base de seguir exponiendo y formar parte de la Société d’artistes françaises, Ramón Casas empezó a adquirir fama a nivel europeo.

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Autorretrato vestido de flamenco, Ramón Casas.
Els Quatre Gats

Casas estaba metido de lleno en la bohème parisina y quería transmitir el espíritu de las vanguardias a su ciudad natal. Por eso, él y el empresario Manuel Girona pusieron pasta para la creación de Els Quatre Gats, el Chat Noir de Barcelona. Su camarada Santiago Rusiñol,  el dramaturgo Pompeyo Gener, el pintor Joaquín Mir Trinxet y el promotor artístico Miquel Utrillo fueron promotores del proyecto. Un enorme mural representa a Santiago Rusiñol y Ramón Casas pedaleando en un tándem, muestra de que ambos artistas eran uña y carne.

Els Quatre Gats no tardó en convertirse en la Meca del modernismo catalán. Aquí se desarrollaban tertulias, teatro de sombras chinas, cabaret y exposiciones. De hecho, un joven Pablo Picasso realizó aquí su primera muestra, además de diseñar el cartel de la entrada y el menú.

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Santiago Rusiñol y Ramón Casas, el tándem de Els Quatre Gats.
Y Ramón Casas se enamoró

Al igual que Tolouse-Lautrec diseñó carteles para el Moulin Rouge o el Chat Noir, Casas haría lo propio con Codorniu o Anís del Mono. Por aquel entonces ya era un pintor de prestigio y podía permitirse asentarse en Barcelona a comprobar cómo el modernismo catalán hacía historia. Solía acudir a las tertulias de la Maison Dorée, en el 22 de Plaça de Catalunya; café también frecuentado por Santiago Rusiñol o el arquitecto Puig i Cadafalch y restaurante predilecto del rey Alfonso XIII. En uno de esos encuentros conoció a Jùlia Peraire, quien se convirtió en su musa, amante y esposa.

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Cartel de Ramón Casas para Anís del mono. 1898.

 

Peraire era una joven lotera de Plaça de Catalunya que habituaba los puestos de flores de La Rambla. Cuando conoció a Casas tenía 18 años, él 40. El pintor quedó encandilado de su fuerte personalidad y le motivó a retratarla en todas las formas posibles: vestida de torera (Júlia), tumbada en un sofá leyendo un libro (La decadencia) o en actitud provocativa (La Sargantain).

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Júlia Peraire retratada en ‘La Sargantain’ de Ramón Casas.
Los últimos años

La familia de Casas se opuso a que este se casara con aquella mujer de clase baja. Jùlia Casas era una mujer librepensadora y  culta que además no quería tener hijos. Imaginad cómo se tomaron eso las clases altas de la España del siglo XIX. Eran la comilla de las familias bien que se agolpaban en la entrada del Liceu para comentar la última ópera. Casas desoyó las críticas de su familia y se mudó con Peraire, con quien se casaría en la Iglesia de Bonanova.

Diez años después del enlace, Ramón Casas moría a la edad de 66 años. Hoy, puedes disfrutar de gran parte de su obra pictórica en el Museu del Modernisme de Barcelona o el Museu Nacional de Catalunya (MNAC).

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El descanso de los ciclistas, Ramón Casas.