La expresión ‘cases de barrets’ (casas de sombreros) tiene origen en un pequeño negocio que se situaba cerca de la Plaça Reial, en la Rambla de Barcelona.

La relación entre Barcelona y el negocio más antiguo se remonta a la antigua roma. En tiempos de Barcino ya había damas de compañía llamadas Felatrix o Bustruariae (la que practica sexo en cementerios). Aún se conservan pruebas de este vínculo histórico. El primero son las carassas del Barrio Gótico, bustos del siglo XVII que indicaban dónde había burdeles cerca. El segundo, una expresión que sigue usándose en nuestros días: cases de barrets o casas de sombreros.

carassas
La carassa del Papamosques, en el Barrio Gótico.

 

Para entender de dónde viene lo de cases de barrets hay que pasear hasta la Plaça Reial, al lado de La Rambla. Esta se construyó entre 1848 y 1860, en el solar que había dejado el desaparecido convento de los Capuchinos. Cuentan las crónicas de la época que cerca de ahí había una popular tienda de sombreros con más clientela de lo habitual. Tenía una peculiaridad: todos los modelos costaban lo mismo. Los clientes que conocían el negocio pagaban más de lo que marcaba el precio. Con la excusa de ir a por cambio, el dueño les guiaba a un burdel clandestino que había en el entresuelo del establecimiento.

farolas de la plaza real
La Plaça Reial de Barcelona.

 

Aquello era vox populi, por lo que enseguida se popularizó la expresión. El negocio ya no existe pero aún se respira el eco de esos años viciosos. Un ejemplo es el Museo de l’Eròtica (La Rambla 96) o negocios históricos como el restaurante Amaya, que ha pasado de tener jamonas a vender jamones.