El Molino lleva funcionando en el Paral·lel desde 1905 y ha sido escenario de intrigas, bailes prohibidos y romances clandestinos.

Barcelona, 1908.  La ciudad arrastra la resaca de la Exposición Universal. Se ha inaugurado el parque de atracciones del Tibidabo, las obras de la Sagrada Familia acaban de empezar y las calles huelen a rebelión y socialismo. Europa calienta motores para una Guerra Mundial. El Paral·lel, que en ese momento se llama Avenida del Marqués de Duero, está más vivo que nunca. Son las tres de la madrugada pero la fiesta no decae. Se escuchan risas, las ventanas rezuman humo de cigarrillos y se escucha el cabecero de una cama estrellándose contra una pared. Unas luces rojas iluminan este caos diario. Son las del que será El Molino, el Moulin Rouge de Barcelona.

La historia de este emblemático teatro empieza en el siglo XIX, justo cuando el Paral·lel empezaba a convertirse en una zona de teatros y cabarets. Su primer nombre fue La Pajarera y nació con vocación de tablao flamenco. El turismo llegaba a la capital catalana y había que hacer negocio. El ruido de castañuelas no duró tiempo. En 1905 un empresario compró el lugar y lo convirtió en uno de los primeros cines de Barcelona. Los tiempos cambian y en solo tres años, cambió los proyectores por los shows en directos y pasó a llamarse Le Petit Moulin Rouge. Por aquel entonces, la avenida ya se había convertido en el Broadway de Barcelona. No podías dar dos pasos sin cruzarte con algún café, bar musical, teatro o music hall.

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El Molino cuando era el Petit Moulin Rouge.
El Molino de Barcelona

Le Petit Moulin Rouge fue testigo de todos los avatares políticos de principios de siglo; de esa Semana Trágica que agitó las calles, de la ilusión de una Segunda República y el estallido de la Guerra Civil. Su escenario, que había visto pasar a vedettes, transformistas y al arte más transgresor, se enfrentaba a la censura del Franquismo. Durante el conflicto había sido gestionado por la CNT y si quería sobrevivir, tenía que desvincularse de todo lo que oliese a rojo o comunista. Además, el régimen había prohibido los extranjerismos y cualquier idioma que no fuera el castellano. Así, en 1939, se convirtió en El Molino.

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Interior de la platea de El Molino.
El Molino de la clandestinidad

El nombre cambió pero la vocación de entretenimiento, no. Al Molino no le iban a cortar las aspas tan fácilmente. En tiempos de prohibición el ingenio se agudiza y eso es lo que ocurrió. Por ejemplo, cada vez que la policía acudía a comprobar si los espectáculos eran decentes, el portero encendía una luz roja para avisar a lo/as artistas. Aun así, el teatro se enfrentó a más de cien multas por rebelarse ante la moral del régimen. Aun así, aquí acudían las clases más acomodadas, las que dejaban una buena propina por las copas y podían permitirse pedir cava. En las butacas más discretas se promovió el mercado negro de penicilina.

 

Decadencia en el Paral·lel

Con la muerte de Franco y el inicio de la democracia comienza la crisis en el Paral·lel. La apertura de ideas y la libertad sexual de los años setenta hacen que la oferta de aquel Broadway no sea tan única y quede desfasada. Ya no hace falta esconderse para meterse mano o disfrutar de un espectáculo de travestismo o cabaret. Puedes encontrarlo en cualquier pub de Barcelona. Decenas de establecimientos bajan la persiana para siempre y El Molino sigue girando, aunque con algo de miedo. Aguantó hasta 1997. Salas como las reconvertidas Apolo o Barts habían ganado la partida.

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Espectáculo en El Molino.

 

El Molino en nuestros días

Con el cambio de siglo se abrió una nueva puerta para El Molino. Un grupo de empresas invirtió quince millones de euros en transformar el edificio y escoger una programación adaptada a los nuevos tiempos. De este modo, el 11 de enero de 2011, las aspas del antiguo Petit Moulin Rouge volvieron a girar para contar su historia. Desde entonces, lucha por volver a ser el teatro de referencia de un Paral·lel que, también, se esfuerza por volver a sus años dorados.

Por cierto, el 8 de noviembre la cantante de soul jazz Judi Jackson rendirá homenaje a Nina Simone en el marco del 20º Festival Mil·lenni, el festival que se celebra en las salas más emblemáticas de Barcelona. 🎵 Entradas aquí 🎵