Si vives en Barcelona, sabrás que las deportivas se llaman bambas, el gracias es un merci y los perritos calientes son Frankfurt.

Seguro que paseando por La Rambla te has dado cuenta de la cantidad de establecimientos que hay con la palabra ‘frankfurt’. Al igual que ‘bikini’, ‘bambas’ o dar las gracias con un ‘merci’, es una de esas palabras que caracterizan la cultura catalana. Y tiene toda la lógica. Para entender por qué en Barcelona los perritos calientes se llaman Frankfurt hay que retroceder más de cien años. Concretamente a 1912.

La Exposición Universal de 1888 convirtió a Barcelona en la capital del mundo. El evento había demostrado el potencial económico, social y cultural de la capital catalana, una tierra con todas las papeletas de prosperar. Por eso, a principios del siglo XX llegaron los primeros grupos turistas. Y con ellos, las oportunidades de negocio.

En este contexto llega a la ciudad un maestro charcutero alemán llamado Max Zander. Corría el año 1912, la historia de la Vampira del Raval ocupaba las portadas de los periódicos, Gaudí estaba trabajando en el Park Güell y la bohème se divertían yéndose de fiesta por el Paralelo, La Rambla y el Gótico. En aquella época nadie sabía lo que era una salchicha ¡Mucho menos que existiera una variedad!

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Las salchichas de Frankfurt son típicas de Alemania.
Y llegaron los Frankfurt

Zander se especializó en elaborar salchichas tipo Frankfurt (o Frankfurter Würstchen) y venderlas a charcuterías y comercios de la ciudad. Estas se caracterizan por estar hechas de carne de cerdo embutida en tripa de oveja (no pongas esa cara, sabes de sobra que esta semana caes). La Boquería, por ejemplo, era uno de los lugares más concurridos para hacerse con este producto.

Al principio el señor Zander solo vendía sus Frankfurt a sus colegas de Alemania. Sin embargo, el producto empezó a popularizarse. Al principio solo se vendía en ferias ambulantes (tuvieron éxito en la Exposición Internacional de 1929) y charcuterías. Habría que esperar hasta la década de 1950 para que abriese en Terrasa el primer local especializado. Luego llegó la Sexta Flota Americana, con sus dólares, Coca-colas y esa manía de referirse a los Frankfurt como “perro caliente”. Aquel sobrenombre no caló entre la juventud barcelonesa, que prefirió mantenerse fiel a los orígenes de esta comida callejera. Así, hasta hoy.